Situado en el polígono de Velilla de San Antonio, cuenta con dos espacios: uno con fragua y horno, para el día a día de su trabajo, donde se encuentra la obra en marcha, con una pieza descomunal que ocupa gran parte de su espacio; el otro, sala de exposición donde hay una muestra de sus collages, esculturas de pared, bodegones y piezas ya finalizadas de diversas dimensiones. Carlos Albert se encuentra en un gran momento creativo y de difusión de su obra.
Respecto a su trabajo, está realizando tres grandes encargos, obras para espacios públicos, una de ellas ya terminada: una suerte de tallo vertical coronado por una cinta, que abraza el aire, o suerte de brazos que rodean al viento para crear un espacio elevado de intimidad. En su difusión, hasta el 30 de noviembre tiene exposición abierta en la galería Aquilaluna de Lieja y participa en la Feria Internacional de Arte de Luxemburgo.
La escultura de Albert, heredera de la abstracción más destacada del s. XX español, parte del dibujo para consolidar formas, que vivifican el espacio, como quería Julio González. El escultor, de manera práctica, nos ha mostrado el proceso de su creación, soldando fragmentos hasta conseguir crear una estructura que esculpa la emoción que siente. Porque el escultor no trata de representar, sino de presentar la corporeización de un sentimiento o una ensoñación.
Desde hace un lustro viene componiendo unos collages, muy genuinos, que acaban siendo bocetos, maquetas o variaciones, que le ayudan a conseguir la imagen de su sueño. El escultor es un soñador que, como cantaba Machado, hace camino al andar.
Comienza a danzar con la materia y acaba celebrando la armonía de una voz que pareciera prestada, pero que es solamente suya. Aunque la tiene en mente, cada obra tiene un desarrollo distinto. El inicio siempre desconoce el final: es un enigma que se acompasa en la andadura al resultado.
Albert ha recordado a sus guías, más que maestros, evocando las figuras de Martín Chirino, José Luis Sánchez, Farreras y Oteiza. En todos ellos ha bebido, pero sin llegar a saciar su sed, cuya culminación sólo se produce con su propio hurmiento. Prefiere el acero corten, en su color natural y con sus oxidaciones peculiares. A veces, la intuición, la música le pide el color y la necesidad le dicta tonos y cromías.
Comenzó con la madera, con uniones de líneas o de cubos, que proponen una experimentación de sensaciones, que provoca a los sentidos, desde su austeridad. De allí, pasó al metal, donde se ha agigantado, transformando el tiempo en una calántica de sensaciones, que desnudan la materia para mostrar el himno de su entidad. No un cruce, sino un alineamiento de visiones, de emociones, que armonizan su expresividad.
A la visita guiada por su obra, a sus reflexiones sobre su factura, a la determinación de su cartografía mineral, hemos asistido: Esther Plaza, Emilia de Dios, Rosi Rubio, Julia Roncero, Ángel Pedro Gómez, el compositor Fran Úbeda López, Ángel Maroto, Claudia Gallart Satué, Paola Venegas, Marja Barati, Joris de Maeseneire, Raquel Mesa y yo mismo.
A nuestras preguntas el autor ha ido respondiendo delante de las piezas en un ejercicio concreto de su actividad. Su espléndido trabajo cuenta con la extraordinaria labor de comunicación de Raquel Mesa, musa y ayuda necesaria para la difusión y defensa de su quehacer: una ejecutiva que hace milagros con el arte.
Carlos Albert, Madrid 1978, licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, pasa por los talleres de Martín Chirino, de quien aprende el manejo con el hierro y los metales. Becario del Camberwell College of Art Londo Institute, de la Fundación Elsa Paretti de Girona y del Hong Hoc Dai Lai JSC del Flamingo Group de Vietnam.
Ha realizado numerosas exposiciones personales en distintas capitales de España, Francia, Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Vietnam, Cuba. Es uno de los escultores españoles jóvenes con más obra en espacios públicos del ancho mundo y ha sido distinguido con los Premios Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad, Victorio Macho, Ayuntamiento de Santander, Medalla de Oro de la Real Academia de Santa Isabel de Hungría. Sobre su obra han escrito sucesivos críticos, destacando los libros de Alfonso de la Torre y los de mí autoría.
Desde AMCA agradecemos la cordialidad que nos ha dispensado y su recibimiento, el tiempo que nos ha dedicado y, sobre todo, esa obra, cuya impronta, ha calado en los más hondo de cada uno de los visitantes. En una época de prisas y de incomunicación, de menosprecio a la cultura, de tensiones estériles, sesiones, como la habida en esta ocasión, resultan una performance de calidad e intensidad insuperables.
Madrid a 23 de Diciembre de 2025
Tomás Paredes
Presidente de Honor de AMCA y AECA
Fotos realizadas por los asistentes: Esther Plaza, Claudia Gallart Satué, Paola Venegas, Marja Barati, Joris de Maeseneire.
