PRIOR, CORAZÓN DEL EXPRESIONISMO

12 marzo 2024

El pasado día 27 de febrero, a mediodía, en las salas de exposiciones temporales del Museo de Santa Cruz de Toledo, se inauguró una muestra antológica de Manuel Prior, Puertollano 1933, con rubro Prior. 70 años de pintura. Desvelando lo que la realidad esconde. Promovida por el gobierno de Castilla-La Mancha, en ella se puede contemplar un conjunto de obras, fechas entre 1949 y 2022, que evidencia la andadura estética de este callado y brillante prestidigitador de formas y cromías.

Prior, a quien Aute llamaba “mi maestro”, tuvo que buscarse la vida pronto, pero pronto quiso ser pintor. Comenzó autodidacta, exhibiendo un realismo limpio y terso, muy en la órbita de Julia Minguillón, a quien no conocía. Presenta una obra realista y limpia, Tarde de sábado, al Premio de Valdepeñas y no la premian porque algunos miembros del Jurado mantienen que era un cuadro de fotografía, cuando los personajes habían posado para él.

En 1954 se traslada a Madrid, donde residirá hasta hoy. Comienza a ver pintura y a relacionares con pintores, va a dibujar al CBA y su lenguaje se revoluciona deshaciendo las formas y comprometiendo el color, hasta meter la primavera y la pasión en los cuerpos. En 1958 gana el Premio Exposición Nacional Pintores de África y puede viajar por Europa, conociendo los grandes museos, siendo deslumbrado por el expresionismo.

Desde su primera individual, Sala Librería Abril, 1962, hasta hoy ha realizado treinta y cuatro muestras personales, algunas de ellas internacionales y varias en la galería Macarrón, que fue su casa hasta que despareció. Formó parte del Grupo Castilla 63, hizo escenografías para obras de Federico García Lorca, ilustró libros, carteles: un todoterreno de la pintura con un lenguaje en combustión, reconocible y reconocido.

La primera vez que vi su nombre, aún estudiante yo, fue en 1963, en una exposición en el Hotel Felipe II de El Escorial. Pasó el tiempo y lo volví a encontrar en la Librería Abril, pero cuando ya me sumergí en su bosque de cuerpos y colores fue a partir de sus exposiciones en la galería Macarrón. Rafael Macarrón tenía predilección por su mundo salvaje y exquisito, duro y tierno, por ese fragor de gestos encendidos que van ahormando un canto sensual y contundente, cuajado de heridas y megueces; un epitalamio del hombre y la tierra, de visiones y belleza.

En la historia del expresionismo figurativo español contemporáneo, que en parte estudió Carlos Areán, aún quedan muchos cabos por atar. Dentro de ese mundo en el que entran y salen los nombres de Solana, Luis García-Ochoa, Álvaro Delgado, Francisco Mateos, Quirós, Barjola…Prior tiene un espacio propio, mirando esa base doméstica, pero más al panorama internacional, con la vista puesta en Oskar Kokoschka, Egon Schiele o Rouault.

Hay quien defiende su pintura inicial realista- clara y firme-, pero eso fue una etapa previa a otras. Donde Prior brilla es en su idiolecto, en esa deformación de cuerpos donde del alma se potencia. En su mezcla de trazos bravos, densos, limpios; en su arrastre de colores, que llenan de fuego y de mar los lienzos. Ejemplos de lo que digo: Los caretones, Camuñas, Careta pecado, Familia verde, El beso, Gólgota…

Prior no lo ha tenido fácil, ningún pintor lo tiene fácil, a pesar de contar con una buena fortuna crítica. Sobre su obra han escrito Pepe Hierro, Castro Arines, Sánchez Camargo, Corredor-Matheos, Figuerola-Ferretti, Carlos García-Osuna, Luis López Anglada, M. A. García Viñolas, Fernando Ponce, Gianna Prodan, Rodríguez Alclade…

El gran poeta y pensador rumano Lucían Blaga asegura que “la misión del poeta es sacar las palabras de su estado natural y llevarlas a su estado de gracia”. Si el pintor tiene alguna misión, parafraseando a Blaga, sería le de sacar las formas y el color de su estado natural y llevarlos a su estado de gracia, que es lo que hace Prior, cuando acierta a ser él mismo, sin distracciones socioculturales.

No se trata de la exposición de un paisano, de un artista manchego, aun siendo de Ciudad Real, sino de un expresionista que trasciende lo regional, lo nacional, para situarse en una zona de elevado interés plástico y emocional. Si la muestra estuviere montada de forma cronológica, desde mí óptica, ayudaría mucho a ver el desarrollo de su andadura y cómo llega a un exigido nivel expresivo, en el que la emoción reina como lo hace la luz por el sol.

A través de sesenta piezas de todas sus épocas nos adentramos en un mundo donde arden los encuentros afortunados y se impulsa el activismo plástico de un pintor no sólo visceral sino dotado para la expresividad prístina y humana. Aquí está el hombre con sus ángeles y sus demonios. Cuando la pintura se exhibe, con este rigor y este vigor, el arte cumple la función de deleitar y transformar, de tocarnos en los más hondo para hacernos sentir. Las cosas buenas no hace falta entenderlas, nos invaden los sentidos sin más.

                                                                                                                   Tomás Paredes

Presidente H. de AICA Spain

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