PILAR CARPIO. Presentación del catálogo/libro

12 diciembre 2023

 «Geometría de las cosas», dos exposiciones en Cuenca

 y visita al Estudio/taller en la Casa de los cien balcones

Julia Sáez-Angulo

            12/12/23 .- Madrid.- Junto a sus las dos exposiciones de su obra artística- escultura, pintura, collage, dibujo y grabado- en Cuenca y en la Fundación Antonio Pérez en San Clemente, de la misma provincia, se presentó el catálogo/libro “Geometría de las cosas” de la artista visual Pilar Carpio, en el que participan diversos autores, María Montes y Jaime Siles entre ellos, además de quien esto escribe.

            Después le vino una caída inoportuna, en la escalera de su casa -a falta de rampa- que tiene a la artista con el brazo izquierdo en cabestrillo, con el agravante de que la escultora Pilar Espinosa Carpio (Valencia, 1950) es zurda y ahora no puede dibujar ni esculpir. Paciencia. El médico le ha dicho que tiene para dos o tres meses, si no se opera y ella se lo está pensando.

            Entre tanto, una visita a su taller/estudio para ver y conversar con ella de todos los avatares de su vida, porque son muchos los de esta mujer resiliente donde las haya. Yo la llamo con humor “la resucitada”, porque sobrevivió a un terrible accidente automovilístico en cadena en 1994, en el que fallecieron siete personas, entre ellas su madre y su tía. A partir de entonces ha sufrido estoicamente más de veinte operaciones varias, de las que sale indemne para seguir trabajando su obra artística potente, con una fuerza que no sabemos de dónde la saca. Un Ave Fénix. De vez en cuando, otra caída debida, no a músculos ni huesos, sino a su médula “tocada” y vuelta a empezar. 

    Pilar Carpio es una superviviente con una energía artística asombrosa para trabajar con la gubia la madera de sabina -principalmente- olivo, boj, pino y aliso. El resultado es una serie de figuras humanas, hombre y mujer, que emergen como un ejército de personajes de un mundo y de una sociedad diversa.

    Profesora de Dibujo y de Restauración, por oposición -tiene una mano como nadie, para devolver el arte del pasado a su esplendor prístino- impartió clases en la Universidad del País Vasco, en los tiempos de la balacera de ETA y del ambiguo PNV, también en el gélido Valladolid y, por supuesto en Madrid, lugar donde reside desde hace varios lustros. Licenciada en Bellas Artes, Pilar Carpio trabajó en sus orígenes en su Valencia natal, en el taller del Equipo Crónica y mantuvo una buena amistad con sus tres componentes: Valdés, Solves y Toledo, que se fueron disolviendo poco a poco. 

    Carpio, una mujer locuaz y amena, cuenta sin parar las experiencias con episodios y anécdotas singulares y/o estrambóticas que le fue presentando su vida. De todas ellas sale airosa, porque es una superviviente nata con inteligencia y la fuerza para resolver las más insólitas situaciones. Además, estudió autodefensa y sabe hacer llaves inesperadas, al que se atreva a enfrentarse con ella.

    El fotógrafo Luis Magán y yo visitamos su estudio en la Casa de los cien balcones de Madrid, que se encuentra en el céntrico Paseo del Rey. El espacio huele muy bien, a esencia de trementina, que emana la resina del pino rodeno, madera que también trabaja la escultora en sus piezas, donde la geometría y el pop se dan con frecuencia la mano.

    Lástima que con la mano derecha libre de ahora no se maneje tan bien como con la zurda. “No soy ambidiestra”, se lamenta.

            La porcelana es otro de los materiales que trabaja para conjuntar con frecuencia a la madera, y para ello cuenta con un horno bien equipado, donde cuece las piezas, muchas de ellas pequeñas, para colgar, a modo de amuletos, junto a otros de madera, en sus esculturas llenas de sugerencias, o en sus cajas cornelianas donde se pueden ver ojos, manos, cabezas y otros elementos visuales, a veces inquietantes.

            Pilar Carpio viene de una familia de artistas, donde se ha trabajado en el cine, la fotografía o la cerámica. Su hermano Vicente Espinosa, expone en breve sus esculturas cerámicas, en el rococó palacio del Marqués de Dos Aguas de Valencia, que alberga actualmente el Museo Nacional de Cerámica.

            Los grandes dibujos de Pilar Carpio sobre papel Barba tienen enamorado al fotógrafo Magán, que no cesa de enfocarlos. Yo contemplo también las fotografias dedicadas de los Reyes y sus hijas las Infantas, que aparecen en algún estante del estudio. Debe de haber sentimiento monárquico, debido quizás a las gotas de sangre azul que lleva la escultora. El Palacio Real no está lejos. Pero estas cosas son imaginaciones mías, mientras recorro con la mirada el estudio cargado de obras, maderas, instrumental, papeles, objetos variopintos, libros, fotografías…

            Del feminismo de Pilar Carpio hablaré otro día, un feminismo empeñado en contar con el hombre como gran aliado. “Vivimos en una sociedad de hombres y mujeres, y si nosotras no contamos con ellos, no seremos eficaces nunca”, dice muy convencida y me recuerda la exposición  que hizo con éxito, el pasado año en San José de Costa Rica, sobre la violencia de género, y que quiere mostrar e itinerar por España, a partir del 8 de marzo de 2024.

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