Madrid a 5 de noviembre de 2026
El pasado 17 de octubre de 2026 fallecía en Mallorca, tras una corta pero cruel lucha contra el cáncer, Manuel Santiago Ruiz, pintor, poeta, performer, pedagogo; un espíritu dedicado al arte en todas sus estancias y querencias. Con un algo de místico oriental, de militante zen, estaba entregado a la expresión de su espiritualidad a través de los signos, los colores, las palabras y la acción. Su amor insuperable estuvo destinado al dibujo, lo que no empecía para vagar entre la niebla en pos de los caballos de la luz.
Nacido en Madrid, 1975, en una familia de artista, su padre pintor y profesor, Manuel Santiago Morato, y su madre, economista y bancaria y comisaria de exposiciones, miembro de AMCA, Manoli Ruiz. Creció entre colores y olor a trementina y se impregnó de ese mundo. Se licenció en la facultad de Bellas Artes de la Complutense e hizo un máster de Pedagogía Steiner y otro de Arteterapia Gestalt. Se veía venir, pronto saltó del papel y el lienzo a la acción, a la performance, al gusto por el ritual y la belleza de lo efímero, a hacer de todas las técnicas una.
Realizó su primero individual en la Sala García Lorca, Madrid, 1996. E intentó compaginar creatividad y docencia, reflexión íntima y su difusión; muy lejos de los caminos del padre, con ese estilo fresco, transparente, luminoso que caracteriza su idiolecto. En la actual exposición, Encuentro, Palacio de las Barrantes-Cervantes de Trujillo, asohora se ve la diferencia entre el leguaje de Santiago Morato, ese canto mágico de realismo fantástico, y la pintura insinuada de Santiago Ruiz, limpia, iluminada de frescura y de estratos transparentes, tal un palimpsesto de la memoria.
Tras varias exposiciones, con la ambición de volar libre, solo, se marcha a Mallorca y allí se radica en 2007, ejerciendo la docencia, su pedagogía experimental y su exploración del ritual y del misterio del arte. El arte es expresión, revelación, pero, ante todo, emoción y misterio. Ubicado en Mallorca realiza memorables entregas de arte participativo en Can Monroig, como “A Secret Book”, en 2015 o “Transit” este 2026.
Manuel fue siempre un ser etéreo, ascensional, espigado, que corría tras la cometa, que conduce a una estrella, allá donde no hay final y todo se agiganta. En Mallorca comenzó a escribir poesía y en 2022 publicó su primer poemario, Relato de náufrago, FreeVoices ExLibris, Palma de Mallorca. A ese intenso diálogo con la vida y el ensueño pertenecen estos versos: “Del desasosiego del alba / y de la sordera del náufrago / nacen las imágenes que me visten por dentro, / brota la inundación de mi alma / surge el desalojar la espera / y así me hallo/ mojado / perdido/ con un mar dentro / que cuando se despierta / Va y me tambalea”.
Recuerdo la presentación de Relato de náufrago, ilustrado con sus dibujos y collages, Estudio RGF; al poeta rodeado de su amigos y familiares, leyendo con aroma de asombro y alternando con los que leía su hija llena de primavera. Estaba radiante y nada presagiaba lo que vino poco después. Entonces sus versos surgían como una lluvia fina; como una canción de agua salida de los pliegues más inocentes de las olas. “Tejo un lecho de versos / descuento al tiempo mi pena / que se extiende oscura regando / las raíces de tu ausencia”.
Siguió pintando, haciendo happening, persiguiendo el desafuero del misterio, el rito de construir templos al canto de los pájaros. Y queriendo y amando y escribiendo poemas, que eran de despedida. No ignoraba las señales del viento, ni los cantos de las orquídeas, ni los secretos espléndidos de la noche. En el catálogo de Encuentro, publicamos nueve poemas recientes- “Dejo florecer los pensamientos que no son míos / que pasan y se posan un segundo / antes de continuar su camino. / Sonrío al ahora que el mañana no existe / y te traigo perseverante al instante para que me bañes con tu alegría. / Morir con el instante, / ahora que el mañana no existe”.
Ahora que el mañana no existe para él, para su presencia, no podemos permitir que todo caiga en el olvido como si nada. Para que siga viviendo, aunque no esté entre nosotros, es conveniente y oportuno editar ese libro que tenía casi a punto, ignoro si está completo, pero cuyos versos desprenden un perfume de lejanías, un olor a húmeda sonrisa, que ningún viento debe secar.
Cuando desaparece un pintor, el color se oscurece, cuando muere un poeta es como matar un ruiseñor. Si podemos conservar la imagen de su mundo, su música, algo nos dice que permanece, que está, aunque se haya ido. A toda la querida familia Santiago Ruiz nuestras condolencias desde el seno de AMCA. ¡Sit tibi terra levis, poeta, sajelador de la armonía!
Tomás Paredes
