DÍAZ DE NIEVES Y DE NUBES

22 octubre 2026
Juan Díaz

Madrid a 22 de Octubre de 2026

Cuando la imagen trasciende la materialidad objetual que la sustenta, se hace canto donde galopan los caballos del tiempo y abrevan las nieves estuosas del sentido. El arte cumple esa función: hacernos sentir la sensibilidad de la inocencia cuando el espíritu está a punto de renunciar, cuando creemos que todo es igual y da lo mismo. Y no, no todo conduce al desafuero de las almas anestesiadas, a la inclemencia de la ignorancia: hay vestigios de que el sol nunca se rinde.

Juan Díaz, creador mayor de ensueños y de espacios, a través de su maestría la acuarela se convierte en una oda a la desnudez de la lisura. No sólo ha renovado la técnica de la acuarela en España, sino que ha construido un elegante palacio para las percepciones sensibles. No estamos viendo, en sus obras, un paisaje nevado, nubes, una playa o unas olas que llevan en sus labios una calántica de plegarias. Estamos ante un icono, ahormado con emoción y misterio, que nos eleva, que nos da alas para dibujar en el aire una cartografía de la claridad, una sonrisa del enigma, un paraíso de promesas.

Su figuración, de tan sutil, es como un murmullo de sombras que recitan canciones antiguas en los amaneceres. Si, hay formas, hay alma, todo insinuado como la solercia de una mirada canalla que quiere parecer casta. Ante estas piezas recientes, uno siente que existen otros mundos, otras bellezas, ajenas al presente y sus hábitos un tanto vulgarizados. El pintor “Sigue Transitando”, que así titula su muestra.

Tal es la fuerza de estas sensaciones originarias, que abren las caliptras del espíritu a sentir la presencia, con el candor con el que discurre el agua en los riachuelos. Es el poder del arte, que nos abduce, nos transforma, nos despierta todos los rincones de la sangre, haciendo sonar los juguetes que el hechizo había almacenado en nuestros sueños. Sonidos mágicos, cuya procedencia ignoramos, pero sentimos.

Ya hubiera querido Zóbel, con estar muy cercano, llegar a esta síntesis de provocación, donde está todo y casi nada es perceptible. De provocación lírica con su música sajelada por los ojos de los tigres y los corazones acendrados. El blanco en todas sus edades da fe del sentimiento como meguez y ofrecimiento. Son mucho más que impresiones, apasionadas danzas del viento y de la luz perfilando la presencia del prodigio.

El currículo nunca salva la obra, es ésta la que lo ilumina u oscurece. Juan Diaz expone desde 1972, es un dato, poco más, porque si no hiciera lo que estamos viendo, todo sería en balde. A través de su pintura al agua, homenajea a las aguas y al alba, transitando estancias etéreas donde se mece la ventura sensible de la percepción. Una muestra sencilla, para el recuerdo, para la comparación; para la distinción entre el arte y el artificio, entre el oficio y la dimensión, entre la insistencia roma y el duende. (Galería Tamara Kreisler, C/ Hermanos Álvarez Quintero, 6, Madrid; hasta el 19 de noviembre).

Tomás Paredes

Presidente H. de AICA/Spain