Madrid a 26 de Septiembre de 2026
El pasado 12 de septiembre de 2026, camino de Portugal, en Huelva, fallecía a los 86 años, Juan Manuel Romero de Terreros, embajador de España, pero mucho más: historiador, pintor, escultor, académico y conversador de largo aliento y sabrosas anécdotas, siempre contadas con ironía, como si nada.
Juan Manuel Romero de Terreros y Castilla, Madrid 1940, pertenecía a una familia de abolengo y en varios libros se dedicó a esclarecer la vida y obra de sus antepasados, como el conde de Regla. Se doctoró en Derecho en la Universidad de Sevilla al tiempo que estudió en la Escuela de Artes y Oficios, formándose en un inicio con su tío Sócrates Quintana. Después pasará por la Escuela Diplomática, perteneciendo al cuerpo diplomático entre 1973 y 2011, que se jubila de sus cargos oficiales.
En 2009 fue nombrado responsable de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de los Países de Hispanoamérica, adjunto al presidente Felipe González. Gran conocedor de América, fue embajador de España ante la Organización de Estados Americanos y embajador en Washington y Canadá, amén de otros destino como la embajada de Arabia Saudí.
Como historiador es autor de varios títulos, que evidencian sus intereses intelectuales y sus investigaciones, entre otros: El apóstol de los apaches, España y las comunidades hispánicas; Pedro Romero de Terreros, los primeros años del futuro conde de Regla, ¡Ay, queridos míos!, historias de la villa de Cortegana, donde residía su casa familiar y su centro de inspiración y trabajo. La mayor parte de ellos en Padilla Libros.
En Cortegana rehabilitó la casa familiar y restauró la investigación por su historia. En 2018, creo la Fundación Altacorte en Cortegana, dotándola de la biblioteca “Terreros-Castilla” con el objetivo de seguir investigando y difundiendo los logros de su familia y su influencia en el Nuevo Mundo.
Le conocí muy de cerca, sobre todo, en su incursión en el mundo de las artes plásticas, algo que le fascinaba y donde se dio a conocer como Juan Terreros. Se preparó a fondo con los griegos, Perdikidis en pintura y Dimitri Papageorgiu en grabado. Realizó su primera individual, en Lille, Galerie Midge, con una expo temática sobre “Las meninas”.
A partir de esa muestra inicial, París, Praga, distintas capitales españolas, Roma, Washington, más de setenta individuales: pintura, escultura, grabados. Pasado el tiempo comenzó una intensa relación con Orfila Galeria de Arte y con Antonio Leyva y ese fue su espacio, mostrando su obra con frecuencia. Leya le escribió tres libros y además un poema, Odiseo laertíada, ilustrado con serigrafias de Terreros, 2008.
Comenzó coqueteando con el postcubismo y militando en el expresionismo, “de aquí deriva a una obra hermética, barroca y conceptual, en desarrollo de un único tema: los nudos y la relación de fuerzas que en ellos se contienen”, asegura Antonio Leyva en el Diccionario de Pintores y Escultores Españoles, Forum Artis. Además, es autor de innumerables esculturas, muchas de ellas en espacios públicos, como El Quijote de Colmenar Viejo, el San Francisco de Cortegana o tantas en lugares de ambas Américas.
José Pérez-Guerra, paisano y amigo, era un devoto de su obra y no había acción que realizara que no se reflejara en El Punto de las Artes. Reproduzco aquí una fotografía, que yo les hice el cinco de junio de 1996, en la que aparece Terreros en el centro, entre Manuel Romero, fallecido hace un mes, y J. Pérez-Guerra, ambos fueron amigos del artista y escribieron en distintas ocasiones sobre su obra.
Su arte era como él, espontáneo, lento, sencillo, obsesionado con la raigambre personal y espiritual. No será fácil olvidar esa sonrisa emblemática de Juan Terreros, ni esa sorna en los comentarios, que practicaba con elegancia y calma. Nada en él era precipitado, se detenía, paraba el tiempo y sonreía. Por encima de todo, le definía el humor y su saber estar en todo momento, ya como embajador, ya como el más apasionado y secluso de los artistas.
Tomás Paredes
Presidente H. de AICA/Spain
