Alcazar de San Juan – 22 de Septiembre de 2026
La primera vez que tuve referencias de ambos fue poco después de incorporarme a la Galería Biosca de Madrid. Por entonces, recibimos la visita del pintor Juan Romero y, durante las presentaciones, me preguntó de dónde era. Al contestarle que había nacido en La Mancha, en Alcázar de San Juan, Ciudad Real, me comentó que conocía a algunos pintores con los que había estado en París, como Pepe Ortega, Pepe Díaz y Agustín Úbeda, también de Ciudad Real. Juan Romero aseguraba que Ortega «era un pintor de los pies a la cabeza». Feliciano Fidalgo escribió sobre Ortega, afirmando: «por España hubiera perdido hasta los pinceles. Pero Francia lo acogió. Y Roma lo catapultó hacia el universo».
El proyecto de reunir en una exposición a José García Ortega (Arroba de los Montes, 1921- París, 1990) y José Díaz Gómez (Campo de Criptana, 1930 – Madrid, 2015) nace de la idea de recordar la amistad que mantuvieron en vida. Ambos formaron parte de un grupo de intelectuales de izquierdas. Incluso en la última exposición institucional dedicada a Ortega, ya fallecido, celebrada en el CEX de la Diputación de Ciudad Real, noviembre de 1993, Pepe Díaz estuvo presente como miembro de la comisión organizadora. Dos pintores ciudadrealeños, manchegos, unidos por una amistad que se intensificó durante los años sesenta, cuando coincidieron en París.
Para la Galería Marmurán de Alcázar de San Juan supone un compromiso recuperar para la memoria a estos autores, tan cercanos y, a la vez, tan olvidados. Ya lo hemos hecho otras veces con otros pintores, grupos y movimientos, como la celebración del ochenta aniversario de la fundación del Postismo, nuestra última experiencia en este sentido.
Pepe Díaz-así era conocido- tuvo una infancia marcada por las dificultades. Con tan solo doce años, tuvo que trabajar en el campo para ayudar a su familia.
Su padre, aficionado a la pintura, le dejó un pequeño cuaderno manuscrito con consejos sobre pintura y un breve cuento en el que hablaba de un niño llamado «Josillo» que llegaba a convertirse en un gran pintor de éxito. Por este motivo, Pepe Díaz siempre concedió una gran importancia a aquel cuaderno, por considerarlo un hecho tan premonitorio de lo que acabaría siendo su propia vida.
Su obra abstracta, celebrada como lo mejor de su producción, formó parte de la exposición itinerante Los 20 Pintores de la Escuela de París, que recorrió Estados Unidos durante los años 1963 y 1964. En 1995 expuso en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan y en el Pósito de Campo de Criptana, localidad en la que nació.
Javier Villán, poeta y crítico, escribía de Pepe Díaz afirmando: «Pepe no vivió para pintar, pintó para vivir y, durante un tiempo, a lo grande». Francisco Umbral lo llamaba
«el manchego de París», Raúl del Pozo: «El albañil en colores cantaba flamenco en francés, fue pintor de la Escuela de París, abstracto antes que Tàpies».
Ortega, representante del realismo social de la posguerra española, marchó a Madrid a los trece años, donde comenzó a pintar sus primeros cuadros. En 1941 se afilió al
Partido Comunista de España y, en 1947, fue condenado a diez años de cárcel por motivos políticos. Fue indultado en 1952 y decidió dedicarse plenamente a la pintura, asistiendo al Círculo de Bellas Artes de Madrid donde recibió sus primeras clases de arte,
Ortega fue uno de los artistas españoles más considerados del siglo XX y, como grabador, gozó de una acendrada reputación Los campesinos y agricultores eran los protagonistas de sus obras, cuyos fondos eran esas tierras llenas de surcos, como las manos de aquellos segadores, atadores o recolectores de la tierra. La serie Los segadores fue el trabajo más importante de su obra gráfica: veinte estampas en las que fusiona la litografía y el gofrado, dedicados a los trabajadores del campo.
En 1953 recibió una beca del Gobierno francés para estudiar en la École des Beaux-Arts de Paris y en la École Estienne. Regresó a España en 1954 y, en 1955, recibió la Medalla de Oro en el Festival Internacional de la Juventud celebrado en Varsovia. De este mismo año incluimos un óleo sobre lienzo en la exposición actual.
En 1958 fundó, junto a otros artistas, el grupo Estampa Popular. En 1960 se exilió a París, donde mantuvo amistad con personajes como Pablo Picasso o Rafael Alberti. Este último escribió durante el exilio algunos poemas relacionados con Ortega, entre ellos Ortega de segadores, en el que acuñó el término «ortegano». En el Congreso Internacional de Críticos de Arte de 1963 recibió la Medalla de Oro por su actividad artística y su lucha por la libertad.
Por recomendación de Picasso, quien le aconsejó que se trasladara a Italia, en 1964 se instaló en Roma. En 1972 se mudó a Matera, donde continuó desarrollando una parte fundamental de su trayectoria artística.
En 1976, con un pasaporte especial que le permitía permanecer en España durante dos meses, expuso en la Galería Iolas-Velasco el políptico Nacimiento y muerte de los inocentes, un conjunto de bajorrelieves pintados al temple de huevo sobre carta pesta, una técnica de origen italiano que consiste en superponer trozos de papel y unidos mediante cola. Expuso en distintas capitales de Europa y varias en Madrid, Galería Fauna’s.

Está enterrado en París, en el cementerio de Montmartre. En la actualidad existen dos museos dedicados a su obra: Casa di Ortega, en Matera, y el Museo José Ortega, en la localidad de Bosco, Italia, donde se puede conocer y disfrutar mejor de su legado artístico. Unir a estos dos artistas manchegos en este modesto, pero sentido homenaje, es una evidencia de nuestra devoción por el arte y el orgullo de poner en valor lo nuestro, no tanto por ser nuestro sino por su valor plástico intrínseco.
Ángel Maroto Fundador
Galería Marmurán y Miembro AMCA
