Madrid, Mayo de 2026
El gregoriano es un canto litúrgico, que surge en los siglos III-IV y que se normaliza hacia el 600 por empeño de Gregio Magno, papa, intelectual y hombre cumbre de la cultura occidental. En época de Carlo Magno se impone y adquiere una entidad, que se va afinando, para brillar en la alta Edad Media. Ahora descubro, como apunta Ovidio Moré, que existen otros cantos gregorianos, que son los textos breves, incisivos, irónicos y perspicaces, que escribe Gregorio Vigil-Escalera.
Gregorio Vigil-Escalera, crítico de arte, miembro de AMCA-AECA-AICA, es un polímata que no deja de escribir, ni de publicar. En este siglo sale a libro por año. Y yo le ruego que no cese, que siga, porque aporta un perfume culto, subjetivo, anarco y desenfadado, un humor endiablado, cercano, que no abunda en la tradicional crítica de arte muy habituada a la solemnidad y a repartir carnets de calidad.
Miento, el año pasado fueron dos libros y este ya veremos. Acaba de salir de la imprenta: El arte entre sombras y verdades, Ediciones Éxodus, Madrid, abril de 2026; proemio de Ovidio Moré y prólogo de Róger Castillejo Olán. Con gran número de reproducciones de pinturas de diferentes artistas, entre las que quiere resaltar El aguaitador del misterio, 2010, óleo sobre lino, 90×90 cm, de Adolfo Asmat Chirinos-Zavala. ¡Qué pintor, con toda probabilidad se consagrará como uno de los nombres más valiosos entre los artistas peruanos de este tiempo!

El arte entre sombras y verdades reúne un conjunto de ensayos y textos poéticos cortos, proféticos, que hacen las delicias del lector, por lo claros y lo cercanos, a pesar de que no es fácil seguirle con tantas referencias de filósofos, ensayistas, críticos, poetas y demás ralea. Pareciera que Vigil-Escalera escribe siempre el mismo libro, ello se debe a su estilo y su sistema, muy sólidos, y a sus conocimientos enciclopédicos. Va desarrollando su pensamiento al tiempo que escribe y así, te conduce de aquí para allá a su capricho.
Cada escrito se exhibe como un canto, que nos lleva a sentir la emoción de la armonía y la fascinación de la letra. De ahí, el canto gregoriano de Gregorio Vigil. Este ir y venir a veces te marea o te produce una alteración. A mí, me produjo febrícula, no sé si por esa u otra razón añadida, pero lo tuve que dejar para retomarlo a la mañana siguiente. No es una licencia, es una realidad.
Cuenta tantas vivencias y trae tantas reflexiones del arte, que son escritos que agitan. De Cioran a Meyer Schapiro, de Berger a Baudrillard, de Max Raphael a Heidegger, de Hegel a Adorno y Gadamer, de Baudelaire a De Sanctis y Marangoni, de W. Benjamin a Gillo Dorfles, de Kosik a Carlos Marx, de Otto Rank a Bauman y Hannah Arendt, de Cirlot- ¡qué bien que lo traiga a colación- a Umberto Eco, de August Macke a Sigmund Freud y Carl Jung, de Terry Smith a Levi-.Strauss, de Iván Lermolieff a Carlo Ginzburg, de Tatiana Abellán a Panofski, de Roland Barthes a Nikos Hadjinikolaou, de Pail Valéry a Jean Clair, de Riegl a Rosolato, Christina Lichenstern, Goethe, Bachelard, Schelling, Fiedler, Pareyson, Croce…
Es verdad que Vigil-Escalera encuentra más sombras que verdades en el arte de la actualidad, pero siempre con confianza en el poder del arte para regenerarse a cada instante, para impulsarse en medio del laberinto de arribistas y artistillas e onfluencers. Dando al creador plástico su sitio y sin ponerlo en la fila de atrás como es costumbre al presente, cuando se dice que interesa más lo que se dice de la obra, que la obra. Pero, ¿qué podemos hacer sin obra?
En los inicios apunta: “…el arte es construcción y el artista es un creador que hace que las formas modelen nuestra existencia y se impliquen en nuestro devenir, conceptos y emociones”. En el canto “No hay pesimismos sin limosnas”, concluye: “…la función del arte es la de afirmar la pretensión del hombre a una trascendencia suprahistórica, a la consecución de unos valores trascendentales que sean la divisa de las épocas antiguas”. Y sin más, ¡a leerle, pues!
Tomás Paredes
Presidente H. de AICA/Spain
