Madrid a 8 de Marzo de 2026
CAN Art Fair Madrid alcanza en 2026 su décima edición y lo hace en un momento que parece marcar un punto de inflexión en su evolución. La celebración llega acompañada de un cambio significativo en la identidad del proyecto. La feria, conocida durante años como Urvanity y posteriormente UVNT, adopta ahora el nombre CAN (Contemporary Art Now), alineándose con la marca que ya vertebraba la edición celebrada en Ibiza. Más que una ruptura, el gesto parece responder a la voluntad de consolidar una estructura común para ambas citas y proyectar una identidad más abierta, capaz de abarcar un espectro creativo más amplio que el que caracterizó sus primeras etapas.
Quienes conocieron el proyecto en sus primeras ediciones recordarán una feria con un pulso muy marcado hacia lenguajes vinculados al arte urbano. Ese espíritu inicial, que en su momento funcionó como seña de identidad y motor de diferenciación dentro del ecosistema de ferias madrileñas, parece hoy haberse diluido parcialmente en favor de una propuesta más amplia y sofisticada. El cambio no es necesariamente negativo: la sensación general es que la feria ha ganado en escala, ambición y presencia internacional. Pero también es evidente que se encuentra en un proceso de redefinición.
Una de las primeras impresiones al recorrer la feria es precisamente esa: una atmósfera más suntuosa, con stands cuidadosamente planteados y una puesta en escena que refuerza la percepción de madurez del proyecto. El espacio de Matadero Madrid contribuye a ello. Su emplazamiento y su contexto cultural siguen funcionando como un marco especialmente adecuado para este tipo de evento: abierto, contemporáneo y conectado con el circuito artístico de la ciudad.
Puentes con Latinoamérica
Uno de los aspectos que atraviesa buena parte de la feria es el interés por fortalecer vínculos con el arte latinoamericano. No se trata de un fenómeno aislado dentro de CAN: también otras ferias de la semana, como ARCO o JustMad, han reforzado en los últimos años esta mirada hacia el otro lado del Atlántico.
La pregunta que surge es inevitable: ¿responde esta estrategia a una oportunidad de mercado —la afinidad lingüística y cultural que facilita la circulación de artistas y galerías— o se trata realmente de un reconocimiento de un ADN cultural compartido?
Probablemente convivan ambas dimensiones. Madrid se ha convertido en un punto de encuentro privilegiado entre Europa y América Latina, y ese posicionamiento es difícil de ignorar para las ferias que aspiran a consolidar su proyección internacional. En cualquier caso, la presencia latinoamericana aporta narrativas visuales y contextuales que enriquecen notablemente el conjunto de la feria.
Entre ellas, vuelve a llamar la atención la obra del artista peruano Carranza, cuyos universos visuales —a medio camino entre lo faunístico y lo espectral— despliegan una iconografía muy personal y reconocible.


Calidad y diversidad en las propuestas
Más allá de las estrategias de posicionamiento internacional, lo cierto es que la calidad de las propuestas galerísticas resulta notable. La feria ofrece un panorama diverso donde conviven lenguajes pictóricos, propuestas instalativas y experimentaciones materiales.
Uno de los aspectos que resulta especialmente visible en esta edición es la creciente presencia de la cerámica dentro de las obras tridimensionales. Frente a una escultura más tradicional, muchas galerías apuestan por piezas cerámicas que exploran tanto la dimensión formal como la capacidad expresiva del material.
En ese contexto aparecen algunas propuestas particularmente interesantes. La obra de Nina Murashkina, por ejemplo, destaca por su intensidad narrativa y su universo simbólico. También resulta llamativa la pieza presentada por Banhof Gallery de Nueva York, cuya propuesta introduce una mirada singular dentro del conjunto de la feria.



En el terreno instalativo, la obra de Marion Flament aporta una dimensión espacial que rompe con la lógica más convencional del stand ferial. Del mismo modo, la puesta en escena de Areté d’Empordà construye un entorno visual que refuerza la experiencia del visitante, ampliando el diálogo entre objeto, espacio y percepción.


Otros artistas destacan por la singularidad de su lenguaje, como Chavis Marmol, cuya obra introduce un componente de originalidad muy reconocible, o Cesc Abad, cuya producción mantiene una identidad visual claramente consolidada.



Galerías y artistas que construyen relato
A nivel de galerías, algunas propuestas sobresalen por la coherencia del conjunto presentado. Entre ellas, la propuesta de Gallery Red, de Palma de Mallorca, resulta particularmente impactante. Su stand reúne obras de gran formato con una marcada impronta gestualista, como las del artista hispano-italiano Viani o las del cubano Jorge Luis Santos, generando un diálogo pictórico potente que se impone visualmente en el recorrido de la feria.


Especial el momento de conexión con la artista Ela Fidalgo, con la que tuve la oportunidad de conversar acerca de sus motivaciones. Es una artista que viene del mundo del diseño de moda donde declara no sentirse tan cómoda como en el mundo del arte. Este le proporciona otro ritmo y otra dimensión. Su obra, como no, instalativa y textil, habla, de la defragmentación del individuo en una sociedad tan tensionada por los acontecimientos y de como el recurso de lo colectivo ayuda a reconfigurar una identidad mas capaz para el reto de la vida, del duelo y del tránsito.


Pero quizás uno de los momentos más singulares lo ofrece el proyecto de Carlota Pérez de Castro, que introduce una dimensión performativa en el espacio expositivo. Su propuesta integra elementos de las artes escénicas —especialmente la danza y el flamenco— en una producción donde los lienzos se disponen tanto en paredes como en el suelo. Los movimientos de los bailarines o bailaoras intervienen en el proceso creativo siguiendo una codificación cromática previamente diseñada por la artista, que posteriormente culmina la obra. El resultado es una suerte de coreografía pictórica en la que gesto, color y espacio se entrelazan.


Una feria que busca su próxima identidad
Diez años después de su nacimiento, CAN Art Fair Madrid parece situarse en un momento de transición. La feria ha crecido, ha ganado presencia internacional y ha ampliado su espectro creativo. Al mismo tiempo, ese crecimiento conlleva una inevitable transformación de su identidad inicial.
Quizá la cuestión más interesante que se plantea ahora no sea tanto la comparación con sus primeras ediciones, sino el modo en que la feria decidirá posicionarse en el futuro. Si logrará mantener su capacidad de detectar nuevas sensibilidades dentro del arte contemporáneo o si terminará convergiendo con otros formatos de feria más convencionales.
Por ahora, lo que esta décima edición deja entrever es una feria que ha ganado en ambición y sofisticación. Una feria que ya no es exactamente la misma que nació hace una década, pero que sigue buscando su lugar dentro del mapa internacional del arte contemporáneo. Y con esto, cerramos el capítulo de Madrid Art Week 2026. Disfrutado, como de costumbre.
Tono Brotons (AMACA/AECA)





















