El sábado pasado visitamos Nave Oporto, con la que inauguramos el ciclo de visitas que la Asociación Madrileña de Críticos de Arte ha diseñado pensando principalmente en AMCA JOVEN, pero sin olvidar a los socios que conformamos esta Asociación.
Una mañana lluviosa nos acompañó hasta este espacio artístico ubicado en Carabanchel, un barrio al sur de Madrid. Lo que originalmente fue una antigua nave textil, se ha convertido en estudios donde una comunidad de artistas trabaja y colabora en sus proyectos.
Llegamos a la nave después de atravesar unos amplios pasillos propios de la arquitectura fabril. Allí nos esperaba María Tolmos, coordinadora de Nave Oporto, quien nos introdujo en la historia de su creación.
Mi primera atención la captó un cuadro de gran formato realizado a cuatro manos por Santiago Ydáñez y Carlos León. Creí intuir una versión revisada de la historia de Judith y Holofernes, que llevaron al lienzo tanto Caravaggio como Artemisia Gentileschi, donde el fondo oscuro de la pintura inicial es sustituido por un blanco intenso que confiere al conjunto de la obra un aspecto francamente inquietante.
Cuando María cedió la palabra a Elvira del Amor, esta nos mostró parte de su proyecto. Ella trabaja con el color y la forma y crea su propio lenguaje para trasladar a la obra esa imagen mental que surge a partir de lo visible. Sentí que la observación de su obra me trasmitía sosiego.
Tras ese baño de color nos introdujimos en el blanco y negro de las fotografías de Combarro que pasa de la realidad a la abstracción a partir de estructuras reales, a veces intervenidas, y donde juega con las luces y las sombras para plasmar en la instantánea su mirada artística. Su trabajo me pareció muy interesante.
Avanzamos por la nave rodeados de bocetos y obras terminadas, teniendo cuidado de no pisar alguna pieza que descansaba en el suelo. Mi mirada saltaba de un lado a otro. De la obra de Miguel Fructuoso a la de Beatriz Ruibal. Nos detuvimos frente a los trabajos de Sabrine, una pintora palestina que está realizando una residencia temporal en esta nave. Algunas de sus pinturas, con un punto naïf, esa secuencia de pisadas que no se sabe bien hacia dónde se dirigen, o el rostro de dos mujeres que se dan la espalda, consiguieron emocionarme.
Luego, subimos a la segunda planta. Virginia Frieyro nos esperaba para compartir su experiencia pictórica con nosotros.
Antes de empezar nuestra conversación con la artista, me detuve frente a la obra de Miguel Ángel Tornero. El trabajo fotográfico de este artista es muy singular. Partiendo de una fotografía, extrae elementos de la misma, los monta sobre un soporte para conseguir un efecto de tridimensionalidad y los dispone de tal forma que las imágenes se apoderan del espacio y montan su propio relato. Me gustaron mucho sus propuestas.
Comenzamos nuestra charla con Virginia Frieyro, que cuenta con una larga trayectoria profesional. Nos mostró unos cuadros de gran formato con el color como elemento central. Tiene una gran destreza construyendo atmósferas difusas con manchas de color. Hablando con ella, me comentó que pasa por fases creativas que van de la abstracción a trabajos más figurativos. Me pareció entender que es como si la figura siempre estuviera ahí, aunque a veces se oculte para dar rienda suelta a la abstracción.
Virginia es una creativa muy versátil utiliza desde acuarela, tinta, óleo o gouache, hasta pintura de spray. Además, interviene sobre objetos. Tenía una pequeña exposición, muy interesante, de cerámica: jarrones, fuentes, o cuencos pintados por ella.
Con Raúl Hidalgo concluimos la visita a este espacio lleno de grandes propuestas creativas.
Este artista e investigador nos mostró una “caja de música” muy interesante. Se trata de un proyecto que consiste en grabar el sonido de una tormenta y trasladarlo a un programa en el que el registro sonoro de cada gota se transfiere a un patrón gráfico, al estilo de un pentagrama con sus silencios y sus notas. El patrón se reproduce posteriormente, de forma física, en tiras de papel donde se horadan cada uno de los puntos del patrón gráfico con objeto de introducir estas tiras en una caja de música en la que cada oquedad del papel, su disposición y frecuencia, genera un sonido diferente.
Me pareció una belleza de investigación. Devolver al aire el sonido que la naturaleza generó filtrado por el tamiz singular, amable y nostálgico de las pequeñas cajas de música.
Vimos sus proyectos cartográficos, a partir de elementos micológicos y sus trabajos de fotografía desde la “visión” de las estatuas que llenan los espacios públicos, entre otras cosas.
El tiempo apremiaba y no podíamos prolongar nuestra charla, pero nos quedamos con ganas de seguir escuchando más propuestas.
Nave Oporto es un lugar lleno de Arte y de artistas que comparten sus flujos creativos e intelectuales, pero, además, crean comunidad. Me congratula que esta vieja fábrica textil sea hoy un referente cultural en este barrio que me vio nacer.
Madrid, 16 de noviembre de 2025
Julia Roncero Jerónimo
